Tu huella reflejada



Se pierden de vista en la distancia y, difuminándose en el tiempo, son el efímero recuerdo de un paseo en el ocaso;
de abrazos sentidos, acariciados por la brisa de la tarde;
de cómo se detuvieron para descubrir conchas y caracolas, ahora vacías de vida pero llenas de tesoros por descubrir;
de besos llenos de arena y sal;
de cómo corrieron unas tras otras, jugando como niños al “corre que te pillo” para después entremezclarse y tornarse en surcos rodantes creados por dos cuerpos entregados a una pasión tímida y desbordada;
de manos entrelazadas que se hablan en una complicidad silenciosa;
de cómo pudieron contemplar al Sol dirigirse -en un salto en picado imposible- a un chapuzón de anaranjados y púrpuras fundidos en cielo y agua, reflejos imposibles de belleza sin igual.
Ahora conozco el secreto de las mareas, pues no es la Luna quien gobierna sus idas y venidas; Ella tan solo le cuenta al Mar de aquella historia y, loco por saber más de nosotros, envía sus olas a la orilla que, sin cesar, acarician nuestros pasos una y otra vez, hasta que al fin consiguen arrebatarlos de la arena para llevarlos mar adentro y contarle a los corales de nuestro amor secreto, de nuestro anhelo desmedido, de corazas desprendidas por el calor de una mirada que fundió todo atisbo de duda dando paso a un amanecer único, distinto, conocido aún antes de habernos conocido…pues soy tu huella reflejada.